VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE… Levi Lemberger escribe sobre la muerte y el más allá

Por Matthew Levi Lemberger

Mi padre fue el primero. Él me había llamado y volé a través del país para verlo en una cama de hospital. Había sufrido de Parkinson durante cinco años, del tipo de entumecimiento de los músculos, y aunque su cuerpo lo había traicionado, su mente siempre estaba perfecta. Hacia los últimos pocos años de su vida tenía dificultad para hablar.

Cuando llegué al hospital estaba o en coma o profundamente dormido. Inmediatamente me aquieté y senté en silencio en una silla al lado de su cama. No sé cuánto tiempo pasó, pero de repente él se despertó y me vió. Conversamos un rato y me pidió hacer una o dos cosas, una de ellas fue prometer cuidar de mi madre. Dije que si y que no se preocupara por ello.

Entonces dijo la última cosa que me diría. “Gracias por venir”. No puedo explicar por qué eso me afectó de la forma en que lo hizo, pero era la aprobación que había estado buscando toda mi vida. Con esas palabras completé mi vida  como su hijo.

Volé de regreso a casa y él murió pronto. Volé de nuevo para el funeral y mi hermano y yo cubrimos la tumba después que terminó el servicio.

Fue unos días después. Estaba parando en el apartamento de mi madre y esa tarde estaba solo cuando vino a mí. ¿Cómo puedo describirlo? No lo vi pero supe que estaba ahí y con mi ojo interior pude ver que ya no estaba afligido.

No habló pero se apareció y entendí que era para mostrarme que estaba este otro mundo. Él no había sido religioso ni espiritual en ningún sentido del mundo. Él creía que se necesita actuar en este mundo para ayudar a la gente. Eso era todo lo que había que hacer, pero ahora vino a mí quizás a mostrarme que había más y que él estaba bien. No les pido que me crean.

Mi hermano fue el siguiente. Las circunstancias de su muerte son misteriosas. Él había estado enfermo del corazón durante algunos años. Por tres días no se sabía de él. Su esposa había llamado para informarme. En una segunda llamada un día después, me dijo que lo habían encontrado en la casa vacía de un vecino.

Asumí la tarea de decírselo a mi madre y esta fue una de las cosas más duras en mi vida. No pude decirle la verdad. Le mentí. Le dije que había muerto de un ataque cardíaco. Pienso que no me creyó del todo pero tuvo que hacerlo para poder sobrevivir sin más dolor que el que su muerte le había dejado.

Él era su hijo menor y por todo lo que había hecho en esta vida, ella lo amaba incondicionalmente. Él tuvo un funeral militar ya que eso era lo que quería, porque había estado en el ejército. Creo que yo estaba algo insensible, con muchas emociones mezcladas.

¿Donde estaba yo cuando él vino a mí? ¿Estaba en la casa de mi madre o de regreso en la mía? Eso fue de tres a cuatro días después del funeral y como mi padre, él no habló, pero se me apareció y supe que lo que su aparición significaba era que había pasado por algo y que ahora estaba bien, y que lo que fuera que tomó su vida había pasado. Yo estaba feliz en saber que él estaba bien y eso resolvió algo para mí sobre su muerte y ahora estaba yo mucho más en paz sobre ello.

La visita de mi madre fue diferente. Yo estaba con ella cuando murió. Mi tía, su hermana, me había llamado para decirme que mi madre no estaba bien. Su corazón le estaba dando problemas y que debía venir si quería verla. Tomé un avión al día siguiente y permanecí con ella por dos semanas.

Habíamos visto un show de viaje una tarde y después que me había quedado dormido, en el medio de la noche ella se despertó y dijo.”Creo que mejor llamas a una ambulancia,” lo que de inmediato hice y no tuve tiempo de vestirme por estar junto a ella.

Cuando la ambulancia vino, me vestí y tomé un taxi para el hospital. Cuando llegué allí ellos dijeron en la recepción, “Su madre no está bien.” Y dije, “¿Murió?” “Si,” dijeron.

Salí al patio y lloré. Quería llorar en privado, no en público. Entonces volví a entrar y pregunté donde estaba. La habían puesto en una cama en un cuarto, halé una silla y me senté a su lado. En la ambulancia le habían colocado una clavija de madera en su garganta para mantenerla respirando. Probablemente fue lo mejor que no hubiera estado ahí porque hubiera tratado de impedirlo. Sostuve su mano y me senté con ella durante un buen rato. No lloré, simplemente sostuve su mano. Luego regresé a su casa.

Después del funeral esperé a que ella viniera a verme, tal como lo hicieron mi padre y mi hermano, pero nunca apareció. Pensé para mí mismo que todo estaba bien. Así es como era.

Fue unos años más tarde. Yo estaba al final de mi divorcio, en casa de un amigo porque no tenía un lugar propio. Era un sábado y mi amigo había salido por la tarde. Yo estaba leyendo un libro cuando de repente sentí la presencia de mi madre. Dudé que fuera real, pero entonces, allí estaba.

Ella me preguntó sobre el divorcio. Ella no usó palabras y no pude verla. Le dije que mi esposa y yo no nos estábamos llevando bien desde hacía un tiempo, pero que le estaba dando mucho dinero. Eso pareció terminar la discusión, porque ella sabía que eso haría feliz a mi esposa.

Entonces le pregunté cómo estaba. “Estoy con tu padre y tu tío Yetta y Tío Ben.” Supe que eso significaba que estaba muy feliz. Entonces la conversación terminó y me pregunto si podemos estar con nuestros seres amados en el otro mundo.

No tengo más nada que añadir. Quizás he hecho un lugar dentro de mí para sus visitas. Para mí mismo, no dudo de la realidad de estas experiencias. Me han ayudado enormemente a estar en paz. Son tan reales para mí como lo son mis experiencias en este mundo.

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